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La Rosa de los Vientos

No hay lugar como el hogar...

Posted on 24.10.08 at 21:10
Current Location: Puente de la Barqueta, Sevilla
La azotea está: de leyendas
Agudizo los sentidos y capto : Over the rainbow, Judy Garland


¿Por qué? No sé si debiera de contártelo, aunque ya que he captado tu atención y que no me vas a dejar almorzar tranquilo hasta que me de por vencido, te contaré todo lo que ocurrió. Pero antes debes de saber que yo dejé de ser escéptico, ascético y salicílico justo aquel día...

Y es que, según cuenta la leyenda y parloteaban las malas lenguas sevillanas, en las frescas y claras mañanas de verano, justo en esas en las que el sol se intuye y la luna apura su último cubata, en unos de los márgenes del Guadalquivir, una maravillosa duende proveniente de un reino encantado, se aparecía a todo aquel madrugador que intentara vadear el río para concederles el deseo que quisieran si ella lo consideraba justo y oportuno, sólo a cambio de que no cruzasen nunca más al otro lado.

Sí, ya se que esta leyenda urbana no es motivo para interrumpir la ingesta de rollitos de primavera de nadie, pero tú tranquila, mi vida, que esto es un buffet libre, Free Buffet o ¿Bufrit? Y nadie, N-A-D-I-E se los va a llevar, así que por favor, te pediría que te los sacases del bolso…. Y los metieses en el mío QUE CABEN MAS!!!! Ay, perdona ya estoy divagando de nuevo, volvamos a la realidad. Sí, he dicho realidad, realidad verdadera.

La semana pasada, en una de esas mañanas mágicas de verano, mientras el C2 hacía en Barqueta su interminable parada de regulación en uno de los márgenes del río, esperando el pitido de salida para llevarnos a la otra orilla y alejarnos así de las vacaciones del resto y acercarnos a nuestro monótono trabajo, de repente, entre el sopor general, un cascabel rompió el silencio.

Yo, tan aletargado y entumecido como el resto de pasajeros, no me percaté de lo desubicado de aquel sonido. Otro que se le olvida quitarle al gato el cascabel al trincharlo y convertirlo en peluca, pensé entre cabezadas. Sin embargo lo que escuche después terminó de despertarme por completo.
Era ELLA, la maravillosa duenda, pregonando su nombre a gritos, altiva mas despreocupada, mientras accedía al interior del autobús, cogiéndonos a todos los pasajeros por sorpresa y/o en bragas/tanga/abanderado, a la voz de: “Ya está aquí el Duende de la Suerte”

Según cuenta la segunda parte de la leyenda, en unos de estos encuentros fluviales, la duendecilla se enamoró de un hermoso barquero apodado “Toto” por el que se fugó de su reino, renunciando a todos sus poderes en busca de, como le confesó a su tía Emma Clara Blandick, “una vida mejor en algún lugar sobre el arcoiris".

“Ya está aquí la Duende de la Suerte” No había duda, tenia que ser ELLA. Me giré buscando en la puerta la magnificencia de la sangre élfica sobre un cuerpo alto y esbelto irradiando una luz clara en derredor, pero sólo la vi a ella. Supongo que las leyendas siempre tienen algo de leyendas. Supongo que nunca se escribió sobre los kilos que cogió la duende en su tercer parto, ni la soledad que vivió tras su violento divorcio con Toto, ni de la enfermedad que se presentó poco más tarde y que la había llevado, paradójicamente, a vender ilusiones en forma de cupones, de nuevo y por siempre jamás, a la orilla del río.

Sin embargo, mantenía ese aire altivo y despreocupado de la aristocracia duendil, haciendo restañar su cascabel para atraer nuestra atención y vendernos leyendas como la suya por 1,50€ con final feliz acabado en 1 o en 7. El "vulgo autobusero", más que asombrado o divertido, se consideraba engañado/estofado (con papas): en la época de los ordenadores, las buenas leyendas de mentira llevan Photoshop y millones de píxeles encima, no un gorro mágico de felpa verde, coronado con un cascabel de Mithril lacado, unos relucientes zapatos de rubí y una ristra de cupones de la Once con la imagen del pueblo de Cercedillo del Campo (Teruel).

Este pensamiento recurrente aumentaba conforme ella avanzaba ante nosotros, cruzando entre los asientos y nuestras miradas, sin poder captar ningún adepto para su ciega causa, hasta que su cascabel, lánguido, terminaba de apagarse, mientras ella, derrotada, se apoyaba en el fondo del autobús y golpeando sus talones juntos repetía, casi desesperadamente, las palabras:

"No hay lugar como el hogar"…  pero, irremediablemente, el C2 sólo te lleva hasta los Remedios.



Cielo, ¿te ha gustado mi historia?. Oye, por cierto, ¿qué llevas en esa servilleta? Si es un poco de sushi : suéltalo maldita arpía jerezana!! Jeje...uy, que retrato robot tan bonito... si es que mi niña preciosa es una artistaca:


Duende de la Suerte acabado en 1




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